Tocando corazones

por Mercedes Rodríguez López, M.A. Psicóloga

Pero sé que nada de lo que vivimos tiene sentido, si no tocamos el corazón de las personas. Cora Coralina (1889-1985 Brasil)

Tocando corazones… así andamos en estos tiempos de pandemia porque ese es el gesto, esa es la acción que le da sentido al momento nuevo que vivimos. En los días de incertidumbre y temores inéditos donde se asoma la tristeza, renace el deseo urgente de tocar corazones. Prohibido está el abrazo, el beso, el “sobito”, la proximidad de los cuerpos, pero no está prohibido amar. Seguir queriéndonos es lo que nos queda, que no es poca cosa, e incluso podemos querernos más.

El COVID-19 nos ha provocado grandes emociones que deben ser reconocidas y compartidas entre familia y amistades. Necesitamos hablar, decir lo que sentimos, y que alguien nos escuche. También, necesitamos escuchar a la gente, ver, conocer y comprender lo que está ocurriendo al lado nuestro y en el resto del planeta.

Nos conmueven las imágenes en las grandes ciudades del mundo que muestran avenidas, parques, centros de trabajo, universidades, teatros y museos vacíos, desolados, mientras la gente se guarda en sus casas y sale lo menos posible para evitar el contagio. Se nos estremece el alma reconociendo la entrega, la enorme responsabilidad, la sobrecarga de trabajo, riesgos y sacrificios que comparten los equipos de profesionales de la salud, especialmente en los hospitales. Nos preocupa la anticipación de más situaciones de crisis ante la posible escasez de materiales, camas y equipo para responder a las necesidades de las personas contagiadas que requieran atención médico-hospitalaria. Nos entristece pensar que andamos por esos caminos de enfermedad, muerte y aflicción que han marcado la historia de las grandes pandemias de la humanidad.

Mientras tanto, en los hogares se ensaya, con retos diversos, el modelo de convivencia intergeneracional, solidaria y continua. Donde ya había violencia, más violencia se asoma. También, donde había amor, se acentúan los detalles del cariño y la consideración. Hay hogares con trabajadores y trabajadoras a distancia, y estudiantes tomando clases en línea y alineados con medio mundo en las redes.

Hay hogares con adultos mayores que cuidan y son cuidados, y personas de todas las edades con diversidades funcionales, gente que necesita, ahora más que nunca, de manos compasivas y protectoras. Cuidar de nuestros seres queridos en este tiempo es un deber del amor que moviliza la empatía, el respeto y la sensibilidad hacia las vidas más frágiles en todas nuestras familias y comunidades. Cuidamos y defendemos la salud física y mental de quienes nos criaron y educaron porque así agradecemos y le damos continuidad al legado de una generación que nos enseñó a luchar y a soñar.

También, hay hogares pobres, con personas desempleadas, con ingresos insuficientes, empobreciéndose aún más desde antes del encierro por la pandemia. Hay otros hogares donde no falta nada. Hay mucho trabajo en todas las casas. Hay tiempo y trabajo para conocernos mejor, para ordenar las emociones, los sueños y los proyectos de vida. Este parece ser un tiempo propicio para ocuparnos de las pequeñas cosas, las que nos conectan, las de la casa, las de familia, las del entorno, las de la naturaleza, las de los afectos, las del alma, las que verdaderamente cuentan porque dignifican y dan sentido a lo que humanamente somos. Anhelando que llegue la oportunidad de los encuentros y los abrazos libres, acogemos con esperanza este presente incierto, dando gracias a la vida por invitarnos de tantas nuevas maneras a tocar corazones.

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